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6 jun 2018

Jurassic World (2015)


Entretenida secuela del clásico y comienzo más que digno de una nueva trilogía. Éxito de taquilla y a la vez muy vapuleada por la crítica.

Sinopsis: 22 años después de los eventos ocurridos en Jurassic Park, la Isla Nublar se prepara para recibir a los visitantes de Jurassic World, el parque temático de dinosaurios que originalmente había sido diseñado por John Hammond. El parque trae toda una serie de eventos: shows acuáticos, carreras y más. Hasta que un experimento biológico sale mal.


Este jueves se estrena Jurassic World: Fallen Kingdom (2018) y muchas reseñas la señalan como una muy buena secuela. Me pareció momento ideal para rememorar lo que fue el reinicio de la saga.
Año 
2015: recuerdo ir al cine sin expectativas y salir de la sala satisfecho, habiendo disfrutado durante 2 horas de una aventura "como las de antes". Volví a ver Jurassic World un par de veces para intentar comprender el fenómeno: fue éxito de taquilla y, a la vez, muy vapuleada por la crítica e incluso ninguneada injustamente por ciertos seguidores de la saga.

Hablar de franquicias es divertido, especialmente porque hablamos de la expansión de un universo ficcional. En este caso el de Jurassic Park (1993), hoy ya consagrada como un clásico: guión de Michael Crichton, dirección de Steven Spielberg, el trabajo de Industrial Light & Magic en CGI -que en aquel entonces fue revolucionario-. Casting perfecto, Sam Neill, Jeff Goldblum y Laura Dern brillando en sus papeles, el tiranosaurio rex, los velociraptors, ¡el plano del vaso!, la increíble música de John Williams (para-ba pa-pa, para-ba pa-pa, para-ba pa-pa, para-bara-baaa). Una película de culto.
Más de dos décadas después, habiendo caído la franquicia en el olvido, el nuevo film tuvo un desafío enorme por delante. Lo más difícil, sorprender al público y mantenerlo interesado. Creo que lograron un balance muy interesante entre aquel clásico cine de aventuras y el usual tono de humor/parodia que tienen los revivals hoy día. El casting hace evidente esa decisión poniendo en el rol protagónico a Chris Pratt, que está claramente en un registro muy distinto al de Sam Neil, y a Bryce Dallas Howard que, aunque tiene un registro para el drama (claro, tampoco es Laura Dern) está siempre al borde de la sobreactuación. Es evidente que Owen y Claire son personajes arquetípicos, ¡son la clásica pareja del género de aventuras! Se odian, son incompatibles pero sabemos que terminarán juntos. Owen está en control y siempre atento a su entorno, Claire es impetuosa y soberbia y el hecho de que esté de tacos (hubo gente que se perdió el chiste y se indignó con esto) dice mucho del personaje y de esos elementos absurdos tan bien insertados en la trama.
El otro dúo protagónico es el de los hermanos, desde su punto de vista conocemos al parque en funcionamiento -así lo quiso Spielberg en la gestación del proyecto y fue la decisión acertada-, pero también re-descubrimos al parque original. La escena donde encienden una antorcha y recorren el edificio abandonado, cual cueva de las manos, es un lindo homenaje y le habla a las nuevas generaciones: sepan que Jurassic Park fue y es la posta. Como contrapunto de ese homenaje está Lowery, el personaje que interpreta Jake Johnson y que también es un esteretipo del nerd, un hardcore-fan del parque (de la película) original.
En ese juego de espejos vuelve a aparece el Dr. Henry Wu (y ahora en la secuela apunto de estrenarse, aparece Malcom, el personaje de Jeff Goldblum ¿un guiño a Jurassic Park: The lost world? los paralelismos parecen no tener fin).

Jurassic World logra ser un una secuela decente que reabre con mucha dignidad una saga que parecía extinta. Un homenaje respetuoso de la obra de Spielberg, evocador -a veces sutil, a veces obvio-, pero siempre en un tono liviano y entretenido, proponiendo un juego de espejos que no muere en la mera reproducción del film original (algo que sí pasó por ejemplo en "The force Awakens" que copió la estructura de "A new Hope" de manera alevosa). Pero por sobre todas las cosas, como decía antes, el nivel de autoparodia es el justo para que el espectador con dos dedos de frente puede reírse sin perder la tensión que tiene el conflicto principal. Es una fina línea que puede hacer desbarrancar muy fácilmente un film de este calibre ¿Ejemplos? Kong: Skull Island (2017) -por obvias razones suelo compararlas-. Aquella peli era una propuesta clase b, sosa y aburrida (¡pecado mortal!) que además no se tomaba en serio, y no en el buen sentido. Las miradas que cruza Samuel L. Jackson con Kong son uno de los momentos cinematográficos más absurdos que recuerdo de los últimos años.


En esta era del remake, claramente lo que factura en Hollywood son las franquicias, engordadas en precuelas, secuelas, spin offs. Muchas de estas películas viven sólo de la nostalgia, de la referencia al material original y no mucho más. Star Wars es el ejemplo más ostensible, pero pensemos en los universos de Alien, de Pixar, de Harry Potter (la secuela de Animales Fantásticos está a punto estrenarse), la lista es interminable. El mismo público ha cambiado la forma de consumir este cine; abunda el metalenguaje y la intertextualidad, la autoreferencia, los guiños constantes al espectador que casi rompen con la cuarta pared. La regla es construir siempre sobre obras que forman parte de la cultura popular y del inconsciente colectivo. Me pregunto ¿por qué no puede haber un nuevo fenómeno como Star Wars de 1977? ¿una nueva Jurassic Park? La respuesta es: no hace falta, son marcas que ya existen y que funcionan. Nulo riesgo artístico y muy pocas garantías de calidad. Hay intentos de generar nuevas franquicias, pero los clásicos han probado ser tanques imbatibles. Y mientras la vaca de leche, la van a seguir exprimiendo.



2 oct 2016

The Magnificent Seven (2016)


Un Western lleno de grandes figuras que recrea muy dignamente el clásico de 1960, una superproducción impecable con la mano certera de Antoine Fuqua en la dirección.

Sinopsis: En la América posterior a la Guerra Civil, en pleno Salvaje Oeste, un pequeño pueblo mexicano llamado Rose Creek es asediado constantemente por el ataque continuo de pandillas de bandidos. Siete hombres armados del lejano oeste, eventualmente unen sus fuerzas para proteger un poblado de salvajes ladrones.

Las grandes superproducciones y el cine de género hicieron de Hollywood un fenómeno mundial, una referencia inequívoca del séptimo arte. Particularmente el Western es el género americano por excelencia, donde directores como John Ford, Howard Hawks o Clint Eastwood han hecho escuela. Y aunque su época de esplendor ha quedado atrás, cada año siguen saliendo varios de estos films que cuentan con un público fiel. Directores como Tarantino -y su eterno amor al cine de Sergio Leone- mantienen al género más vivo que nunca. Y también las remakes han demostrado ser refrescantes cuando caen en buenas manos; casos como 3:10 to Yuma (2005) de James Mangold o True Grit (2010) de los hermanos Coen son claros ejemplos.
Era cuestión de tiempo de que la remake de un clásico como The Magnificent Seven (1960) de John Sturges llegara a las grandes salas. Y llega con una producción muy cuidada y con grandes figuras que hacen que el producto final sobresalga de la media. Llama la atención la cantidad de actores de primera linea involucrados, y es un disfrute verlos lucirse en sus respectivos personajes.
Peter Sarsgaard compone a un villano clásico, cruel, cobarde, miserable; y está tan bien en su papel que poco importan los clichés. Algo similar pasa con Denzel Washington que repite un personaje que recuerda a otros papeles de su carrera pero poco importa, su presencia en la pantalla es absoluta y lleva adelante la película. Aparte que repite la dupla con el director Antoine Fuqua, con quien ya trabajó en Training Day (2001) y The equalizer (2014), dos films de acción soberbios. Así que la dupla confirma que son garantía de entretenimiento del bueno. 

Lo interesante de esta reversión es que actualiza ciertos elementos como la diversidad en las razas de los protagonistas, la presencia de un personaje femenino fuerte o que el villano sea un blanco hacendado (y no un ladrón mexicano). Otros elementos del argumento fueron modificados para que haya una coherencia que en el clásico de Sturges no había, un poco por la época y otro poco por el tono liviano de aquel film (que se trate de un pueblo minero en vez de un pueblo de agricultores, por ejemplo). Incluso el tono de los personajes principales es mucho más oscuro que en la original, donde preponderaba cierta liviandad. Eli Wallach era un villano simpaticón al lado del delicioso psicópata que interpreta Sarsgaard.
Chris Pratt también está lejos de Steve Mcqueen. Aunque por momentos el registro de Pratt se incline hacia la comedia, su personaje no es para nada agradable, todo lo contrario. Sin embargo, su brutalidad siempre termina por justificarse dentro de ese contexto: un lejano oeste árido, cruel, que no perdona al débil. Así que, de alguno modo, hablamos de supervivientes que deben cargar sus culpas bien adentro para poder seguir adelante.
El film juega todo el tiempo con esa figura del antihéroe en busca de expiación. Estos siete magníficos son personajes quebrados, sufridos. Todos excepcionales, con gran destreza en el combate pero moralmente ambiguos; cada uno lleva su propia trágica historia. Y encuentran cierto tipo de redención al intentar salvar a este indefenso pueblo minero. Completan el elenco Ethan Hawke, Vincent D'Onofrio, Byung-hun Lee, Luke Grimes, Haley Bennett. Todos muy bien en sus papeles.


En Los Siete Magníficos todo es épico: la fotografía, la música, el guión, las actuaciones;  y todo está tratado con mucho cuidado y un gran respeto por un género que pareciera anacrónico pero que, en las manos correctas, puede ser todavía emocionante. Antoine Fuqua supo mantener todos los elementos que conforman al Western y aún así -teniendo en cuenta el desgaste de ciertos clichés ineludibles- sostener la atención del espectador con un ritmo frenético, lleno de acción y de tensión (los grandes directores saben como tratar los géneros clásicos y hacerlos propios, recuerden sino a James Wan en The Conjuring). 
En conclusión, esta remake ofrece dos horas de puro entretenimiento, y además homenajea de la mejor manera posible un legado cinematográfico que sigue teniendo hoy gran peso y vigencia. Una dirección apasionada y soberbia, unas actuaciones memorables, una superproducción como las de antes. Muy recomendable.


19 sept 2016

The Nice Guys (2016)


Entretenida comedia escrita y dirigida de Shane Black. Una buddy movie como ya no se ven, un policial de tono retro que no se toma para nada en serio.

Sinopsis: Jackson Healy, un detective privado y Holland March, un oficial de la policía se unen luego del sospechoso suicidio de una estrella porno en decadencia. Sospechoso, porque la tía de la víctima asegura haberla visto viva luego de que la noticia saliera en todos los medios. March decide investigar el caso porque necesita dinero, y en pocos días aparece metido en medio de una conspiración.


Shane Black vuelve a las andanzas con una comedia policial (básicamente el único género que le conocemos pero que tan bien sabe manejar) ambientada en los setenta, en Los Angeles. La primer mitad del film construye muy bien la intriga, presenta a los personajes y el caluroso y estrambótico ambiente de aquel momento, que ya vimos en incontables películas -todavía tengo muy fresca en la memoria Inherent Vice (2014)-. Todo muy dentro del género noir, lleno de los clichés que suelen tener este tipo de películas, pero con la agradable sorpresa de no tomarse demasiado en serio. El gran acierto de esta producción está en el casting: Russel Crowe y Ryan Gosling forman una dupla cómica memorable. Un matón de poca monta con anhelos de redención y un torpe y mediocre detective privado, respectivamente, cuyos caminos se cruzan por azar. Pero el caso de una actriz porno desaparecida los forzará a unirse para develar lo que pareciera ser algo más profundo y complejo, tal vez una conspiración.
Si, todo avanza sobre terreno conocido. Por eso, los logros del film se apoyan sobre todo en el desarrollo de los personajes principales, en la conformación de esa sociedad apurada pero, casi por azar, efectiva. 
Black le saca el jugo a sus puntos fuertes, todo recuerda a sus trabajos anteriores. Allí están los rasgos más salientes de sus buddy movies, Lethal Weapon (1987) o The Last Boy Scout (1991); pero sobre todo Kiss kiss bang bang (2005). El escenario y el dúa que conformaban Robert Downey Jr. y Val Kilmer están muy muy presentes en The Nice Guys. Aunque en este caso no hay -¡gracias a Dios!- un subplot romántico, esta sociedad tiene una tercer pata representada por Holly, la hija del detective March (Goslin), una especie de Penny para el inspector Gadget. Una joven promesa de la actuación, la labor de Angourie Rice es notable y tiene momentos memorables.

La segunda mitad del film se pavonea entre el absurdo y la autoparodia, lo que dinamita en gran medida lo que tan bien se construyó en la primer mitad. No se pierde el disfrute en ningún momento, pero sí da la sensación de que Black se perdió en cierta medida una oportunidad de cerrar mejor su producto. Los personajes de Kim Basinger y Matt Bomer están dentro de ese universo exagerado y se sienten desaprovechados. Goslin, siempre al límite de la sobreactuación, comienza a recordar a Guillermo Francella o Emilio Disi. Sobre el final, el tono exagerado acerca la cinta a Rush Hour (1998) o incluso Tommy Boy (1995), aunque todavía quedan lejos productos más industriales e impersonales como 21 Jump Street (2012). La voz autoral de Shane Black todavía está ahí, intacta.

Nos quedamos con la química entre los dos actores que supieron componer una dupla querible, algunas escenas hilarantes y muy buenos diálogos (¡el del ascensor!). Esperamos volver a ver a estos buenos muchachos.

31 ago 2016

Suicide Squad (2016)


Esperada película que extiende el universo fílmico de DC/Warner Bros. de la mano precisa y certera de David Ayer. Entretenida pero decepcionante en muchos aspectos. 

Sinopsis: Un grupo de villanos, con habilidades letales y mágicas recibe la oferta del gobierno para redimirse, a través de una peligrosa misión, que podría terminar por matarlos a todos. 


HOLY SPOTS!
Un fenómeno curioso que se viene dando cada vez más seguido es la sobrecarga de material promocional que, irónicamente, termina perjudicando la experiencia cinematográfica. El increíble poder del aparato publicitario de estas producciones ha crecido a niveles ridículos, y las redes sociales han alimentado a este monstruo fuera de control. Se generan altísimos niveles de hype que afectan, ya no sólo al fandom comiquero (y ya sabemos con que facilidad pueden jugar con nuestra ansiedad), sino a cualquier mortal desprevenido. Teasers, trailers, spots de tv, promos de facebook, youtube e instagram sobreestimulan nuestros sentidos y aseguran nuestra presencia en la sala de cine (las pre-ventas son otro síntoma de este fenómeno, o incluso las avant premiere, porque lo importante no es ver la peli, sino verla primero y antes que nadie). ¿Pero a qué precio? El costo a pagar es enorme porque ese material se instala en nuestra cabeza y genera una especie de película paralela, cargada con nuestra experiencia y nuestras expectativas. La sorpresa y el disfrute despojado y virgen de estos productos es, hoy, prácticamente imposible para un espectador promedio.
En el caso concreto de Suicide Squad, el material promocional le ha hecho mucho daño al producto final. La película carece de profundidad, de un buen desarrollo de personajes o incluso de un argumento medianamente coherente. Es un estridente video-clip cargado de color, violencia y efectos especiales. Todo bien hasta ahí, con un balde de pochoclos y unos lentes 3D la experiencia debería alcanzar para ser satisfactoria. Sin embargo, por más que desconectemos nuestros cerebros por 2 horas, los chistes que ya conocemos no surten el mismo efecto. Los planos y las escenas que ya vimos no se resignifican en el desarrollo del film pues, son sólo eso y nada más. 

EL ESCUADRÓN DE HARLEY
A estas alturas ya nadie puede negar lo obvio, la película es enteramente de Harley Quinn/Margot Robbie. Uno de los grandes aciertos de esta producción fue el casting y en este caso se dió lo que pocas veces pasa, cuando ya es imposible separar al personaje de la persona que lo interpreta (Tony Stark/Robert Downey Jr. es el ejemplo más cercano y obvio). El otro gran atractivo del film fue la interpretación de Jared Leto como el nuevo Joker, que aquí es un personaje completamente secundario pero que promete mucho para futuras entregas. Esta fue una de las grandes decepciones ya que el motor mediático prometía más Joker pero lo único que se ve en la película es lo que ya vimos en los adelantos. Su versión se despega de las anteriores (lo que es un acierto) pero por obvias razones no se llega a ver todo el potencial que podría dar este personaje. 
Los otros protagonistas son Rick Flag/Joel Kinnaman y Deadshot/Will Smith, que cumplen dignamente con personajes sosos y llenos de clichés pero que hacen avanzar la trama. Sorprende un personaje complejo e interesante como es el de Amanda Waller, muy bien caraterizada por Viola Davis. El escuadrón se completa con personajes olvidables como Capitan Boomerang, Killer Crock o Katana. O incluso el personaje de El Diablo al que intentan dotar de cierta profundidad pero lo hacen tarde y mal. Es poco probable que el espectador puede empatizar con estos personajes. Pareciera que están para hacer bulto, soltar chistes (que ya conocemos) y no mucho más.

Las grandes falencias del guión se reducen a decisiones básicas y estructurales. El conflicto principal está muy bien integrado a este nuevo universo de DC comics, donde los metahumanos son vistos como una amenaza, por eso el villano de turno es... ¡una bruja! (Enchantress/Cara Delevingne, otro personaje olvidable), así que el gran conflicto ya se aleja de la intriga y el espionaje que podría asociarse a las primeras versiones del escuadrón en el cómic. El primer acto nos presenta a todos los personajes, en un ritmo frenético que no para nunca, similar a las películas de Guy Richie. El segundo acto parece estancar la película, vemos al escuadrón recorrer esta zona de guerra donde se perpetuan escenas de acción que son, en definitiva, el único atractivo de esta producción (Fuerzas militares enfrentándose a estas extrañas criaturas me recordaron por momentos a estar viendo un videojuego, en la onda de Resident Evil).
El guión fuerza situaciones para que los protagonistas terminen de conformarse como un equipo y llegar así al tercer y último acto: la lucha final, el enfrentamiento épico de nuestros héroes contra el villano, donde forzosamente veremos todos los elementos que conforman al género superheroico (si, incluidos una bomba, un sacrificio, etc etc... recuerden Avengers, The Dark Knight Rises y demás).

David Ayer es un director y guionista que ha probado ya su efectividad en el cine de género. Sin embargo su talento se ve filtrado por una mala edición (se nota el tijeretazo de los productores), una mala promoción (te venden otra cosa, incluso usando material que luego no aparece en el corte final) y un montón de escenas que sólo están para ampliar el universo fílmico que DC/Warner está empezando a construir. 
La sensación de trailer extendido ya lo vivimos con Batman v Superman y aquí se repite. Es común el manoseo del material por ejecutivos, por encima del trabajo del director. Edgar Wright en Ant-man, Sam Raimi en Spider-man 3, Josh Trank en Fantastic Four y la lista sigue. Esta película confirma una clara tendencia, las franquicias son un mero producto comercial donde la voz autoral del director es menoscabada.
Todavía hay esperanzas de encontrar puntos intermedios, un producto comercial no tiene que carecer necesariamente de atributos artísticos. El claro ejemplo es Guardians of the Galaxy (2014), cuyas similitudes están a la vista -incluída una banda sonora muy cool-. El Escuadrón Suicida es una comedia de acción con personajes marginales desconocidos por el gran público, criminales que terminan conformando un grupo que se redime salvando al mundo. La diferencia es que James Gunn tuvo la inteligencia de usar el anonimato de estos personajes en su favor, sus historias son nuevas y frescas y cada uno va ganando su lugar en la historia para terminar, efectivamente, como un grupo establecido y conformado gracias a la aventura que les toco vivir. Evolucionan y cambian y uno, como espectador, les toma cariño. Parece fácil, pero no lo es, en absoluto (levanten la mano quien quiere volver a ver al Capitan Boomerang haciendo chistes junto a Katana y Killer Croc).

En conlusión, Warner se ha perdido -¡otra vez!- una gran oportunidad. Con todos los elementos sobre la mesa para armar una gran película, nos ofrecen un entretenimiento más. Una película pasatista que se olvida en el momento que dejás la sala de cine. Entretenida, divertida... ¡si! Grasa, cabeza, obvia... ¡por supuesto! En comparación con el aborto que fue Batman v SupermanSuicide Squad presenta una leve mejoría (lo que muchos esperaban de una peli de superheores, humor, acción, sin contenido pero por lo menos divertida y más liviana). Marvel Studios creo un estilo efectivo del que Warner intenta despegarse, para generar una identidad propia. Llega tarde y estos productos se ven defectuosos, improvisados. Por suerte hay muchos elementos que se pueden rescatar, el arte, el vestuario, la producción en general está muy bien. Y lo mejor de la película, los personajes que ya tienen, sino nuestra aprobación (el fandom es quisquilloso), al menos nuestra atención: Joker y Harley Quinn. La enfermiza historia de amor que hace grandes a estos personajes y que con unas pocas escenas bastan para engancharte (comparen sino la relación de Rick Flag y June Moone).


Para cerrar, ¿se acuerdan de Bruce Wayne sonriendo e invitándonos a visitar Gotham City en un aviso de Turkish Airlines? El aparato mediático que alimenta nuestra ansiedad se ha vuelto una parte esencial -como una extensión imprescindible- de la experiencia fílmica. Es común hoy que este material extienda e incluso complemente lo que luego veremos en la gran pantalla. Es un fenómeno raro, nadie está libre de esa ansiedad. En un público homogeneizado, conviven comiqueros cuarentones con instgramers de 15 años que van a ver su heroína favorita y sacarse una selfie en el cine.
Hablemos un poco más de esa "ansiedad": a mi me ha tocado sentarme en la Avant Premiere al lado de una pareja que habló durante toda la película, comentando cada una de las escenas. Además, a ella se le escapaba alguna exclamación ("ay es hermosa") siempre que Margot Robbie aparecía en pantalla, mientras él repetía en voz alta los diálogos que ya se había aprendido de los trailers. 
Hay gente que ya no tiene defensa ante el aparato mediático y llegan al cine con la cabeza quemada. Se perdió algo en el camino. Ya ni siquiera hay disfrute cuando -después de meses o incluso años de espera- llega la ansiada película. La sensación de trailer extendido ya no es una falencia del director o los productores, sino del mismo motor que anuncia con bombos y platillos las entregas por venir. El negocio de la ansiedad es el negocio perfecto. Jared Leto quejándose de las escenas eliminadas, las críticas en internet (buenas o malas, ya a esta altura no importa pues el film es un rotundo éxito comercial), todo es parte de la misma neurótica experiencia. Y, lamentablemente, nada de eso tiene que ver con el cine.

2 jul 2016

X-Men Apocalypse (2016)



Una de las franquicias más longevas del género superheróico llega a su sexta entrega con evidentes signos de desgaste. El director Bryan Singer cierra esta segunda trilogía dignamente, aunque sin rasgos destacables.

Sinopsis: Tras miles de años dormido Apocalipsis, el mutante más poderoso que ha existido nunca, despierta y recluta un equipo, encabezado por Magneto, para acabar con toda la humanidad y crear un nuevo orden mundial. El Profesor X y sus jóvenes mutantes tratarán de detener al mayor enemigo contra el que se hayan enfrentado jamás.


Los mutantes han llegado a su tope. Seis películas van ya, sin contar los spin offs (Wolverine, Deathpool) y los recursos comienzan a agotarse. Las situaciones se repiten, se vuelven sosas, sin sorpresas pero también -lo peor de todo- sin alma. El esfuerzo del director es notable. Luego de la grata sorpresa que fue X-Men: Days of Future Past (2014) daba la sensación que la saga mutante había dado lo mejor que podía dar. Apocalypse pareciera confirmar estas sospechas. 
Comencemos por enumerar los puntos más flojos (y más evidentes) del film. El villano que da nombre a la película está completamente deslucido; carece de impacto, de profundidad. Y es un desperdicio de talento pues la interpretación del enorme Oscar Isaac no se luce. ¡Y no es culpa suya, claro! sino de como fue encarado el personaje desde el guión. Su historia y sus motivaciones son chatas y sin atractivo (además de tener un diseño, por lo menos, polémico). Hablamos del primer mutante, inmortal y todo poderoso... sin embargo, no da miedo. El espectador nunca va a sentir una real amenaza. Todo lo épico que debería ser es presentado mediante diálogos (las referencias bíblicas, etc.), nunca llega a sentirse verdaderamente en carne propia. Siguen siendo más complejos e interesantes Stryker o Magneto -por enumerar alguno de los villanos más emblemáticos de la franquicia-. De hecho, estos personajes vuelven a aparecer, lo que alimenta esa sensación de repetición constante (alguien debería avisar al estudio Fox que el cliché de Magnento destruyendo todo al final del film está agotadísimo).

Otro punto flojo es la cantidad de personajes. Un rasgo característico de los X-men y que Singer suele manejar muy bien. Pero en este caso el fan service termina por jugarle en contra -si algo ha demostrado Deadpool (2016) es que la cantidad no hace a la calidad, pocos personajes pero bien implementados en la trama suma mucho más al producto final-.
Y además, se han perdido la oportunidad de mostrar la "cocina" del grupo principal, como se genera la dinámica entre sus integrantes. La escena eliminada del Mall que protagonizan Jean, Scott, Jubilee y Nightcrawler, es un ejemplo de esto. En cambio, han abierto sub-plots que no terminan de cuajar: el trío Xavier-Magneto-Mystique que se introdujo en First Class y se desarrolló en la secuela ahora perdió sentido (Jennifer Lawrence es otro de las tantas figuras desaprovechadas). Algo parecido pasa con Quicksilver y la búsqueda de su padre que parecía iba a cobrar relevancia pero queda inconcluso. ¿Y el insulso "romance" entre Moira y el Prof. Xavier? La retrocontinuidad que tan bien supo explotar el director en Días del pasado futuro, acá no le sirve. Todo está forzado y no suma a la historia, que ya de por sí carece de tensión y de un buen desarrollo.
Los guiños al cómic que realmente van a disfrutar los fans son el cameo de Weapon X, el fénix o los trajes noventosos que se ven sobre el final. Pero nada de esto salva a una película floja y completamente olvidable.

Ante el arrollador éxito de la factoría Marvel Studios, los productos superheróicos de Fox son vistos como de segunda. Pero hay que darle a la franquicia mutante y especialmente a Bryan Singer el reconocimiento que se merecen. Han pasado 16 años desde aquella primera X-men, una de las películas fundantes -junto al Spider-man de Sam Raimi- del género de superhéroes como lo conocemos hoy. Ahí están las bases para que esta franquicia siga creciendo (otra vez, Deadpool así lo ha demostrado), personajes todavía no vistos o poco desarrollados, historias clásicas del cómic (Claremont, Morrison) todavía no exploradas, etc etc. Todo depende de la imaginación y la creatividad del realizador que se haga cargo del próximo film. Y que no repita los mismos errores. Tal vez una película más chica, autocontenida, que no sea esclava de la continuidad, el fan service o los (pobres) FXs. No hace falta un villano superpoderoso que quiera destruir el mundo pues el verdadero atractivo está ahí dentro, en la Escuela Xavier para jóvenes dotados, en los alumnos y profesores que la conforman.

28 mar 2016

Batman v Superman: Dawn of Justice (2016)



Un hito histórico del cine fantástico: los superhéroes más famosos del mundo se baten a duelo, en un film tan taquillero como polémico. 

Sinopsis: Ante el temor de las acciones que pueda llevar a cabo Superman, el vigilante de Gotham City aparece para poner a raya al superhéroe de Metrópolis, mientras que la opinión pública debate cuál es realmente el héroe que necesitan. El hombre de acero y Batman se sumergen en una contienda territorial, pero las cosas se complican cuando una nueva y peligrosa amenaza surge rápidamente, poniendo en jaque la existencia de la humanidad.

SOBRE EL GÉNERO
Hace algunos meses declaré que Avengers: Age of Ultron (2015) era el pináculo del género de superhéroes. Ahora, hablar de "género" implica hablar también de los parámetros o delineamientos que lo conforman. Ya han pasado 38 años desde aquel clásico indiscutido que es el Superman de Richard Donner. Mientras que las Batman de Christopher Nolan parecían querer escaparle a las convenciones clásicas, Marvel Studios abrazaba de lleno al género para acercar aún más el cómic al cine. Marvel llevó a cabo además, algo nunca visto en la industria, un universo compartido que ya lleva una docena de películas y varias series de televisión. Con Iron man (2008) sentaron las bases, la ciencia ficción y la comedia de acción fueron parte fundamental de la fórmula. En paralelo, Nolan había integrado exitosamente el drama y el policial negro al género superheroico
En este 2016, hemos llegado a un momento de replanteamiento ¿Qué elementos conforman (y definen) a este género? Age of Ultrón es, en ese sentido, una especie de "cresta de la ola", tras de la cual siguió el inevitable descenso: la desangelada Ant-man (2015), una comedia vacía con personajes sosos que repetía la fórmula hasta el hartazgo (y que cierra de alguna manera -un tanto triste- un capítulo en la filmografía marveliana). La película quedó atrapada en la trampa que la misma Marvel creó, la ida del director Edgar Wright por "diferencias creativas" no es un hecho menor. Todo esto nos hace reflexionar sobre la voz autoral por encima de los productos corporativos, el verdadero valor de los superhéroes como mitos modernos o si el hecho de tener una continuidad que agrupe a todos estos personajes, por más disimiles que sean, tiene algún sentido además de engatusar al espectador (es un elemento intrínseco en los cómics, pero tiene de fondo la idea más pueril del mundo: poder ver a todos esos héroes juntos).

UNIVERSO SNYDER
¿El cine no debería ser subversivo? ¿o al menos invitar a cierta reflexión sobre la realidad que nos rodea? Pensemos en lo funcional que ha sido Whedon o incluso Nolan (cuya versión de Batman estaba libre de las presiones de un universo compartido). En este contexto Zack Snyder surge como una voz incipiente asociada directamente con los comics con sus adaptaciones de 300 (2006) y Watchmen (2009). Mientras que Nolan sobresalía en el ritmo, la narrativa y el guión, Snyder descollaba en lo visual (y vale mencionarlo, con un gran respeto por las obras originales).
En Man of Steel (2013) sentó las bases del nuevo universo DC -como Iron Man había sentado las bases para Marvel-. El tono oscuro, violento, solemne, pero también el cuestionamiento al género y un replanteamiento que todavía trae polémica. La película parecía darle al público todo lo que pedía: ver un Superman en su máximo potencial. Mientras la infravalorada Superman Returns (2006) de Bryan Singer homenajeaba a los clásicos y perpetuaba viejos clichés, Man of Steel proponía algo nuevo pero también mataba de entrada todo lo que conformaba a Superman como el ícono popular que todos -incluídas madres y abuelas- conocemos (EL superhéroe por excelencia, el que dio nacimiento al género en los cómics y, en consecuencia, a todos los demás superhéroes).
Man of Steel ahondaba los caminos de Nolan: naturalismo en la puesta en escena, el drama interno del protagonista, montaje no-lineal, etc. Y le agregaba al cóctel fantasía, ciencia ficción y escenas de acción épicas y grandilocuentes. Así mismo, en Batman v Superman, Zack Snyder tuvo libertad absoluta para profundizar todo lo que ya había planteado en aquel film: las implicancias religiosas (la alegoría manifiesta con Jesus), filosóficas y políticas de tener un alienígena superpoderoso entre nosotros.


BATMAN VS SUPERMAN
Vamos al grano, el film empieza muy bien (y aviso que no me contengo con los SPOILERS!). La presentación recuenta el origen de Batman -que todos ya conocemos- y lo resuelve con mucha elegancia, en un estilo al que Snyder ya nos tiene acostumbrados (ver Watchmen o Sucker Punch): un cuasi-videoclip con un ritmo hipnótico y una estética poderosísima, en el que abundan los planos detalle y la cámara lenta.
La secuencia que abre la película es atrapante y vertiginosa; presentación de Bruce Wayne, humano, impotente, ve como Superman y Zod (dioses de los cielos) destruyen todo a su paso. Usando un punto de vista que recuerda obras como Marvels o Astro City de Kurt Busiek. Ya en estos primeros minutos la peli se hace cargo de un tema muy jodido: el daño colateral. En Age of Ultron, por ejemplo, no se muestran nunca las consecuencias de aquella destrucción como lo hacen acá. BvS se hace cargo al toque y de una manera descarnada nos muestra a una de sus víctimas en primer plano, el personaje de Scoot McNairy, que ha perdido, no sólo a su familia, sino también sus dos piernas.

En adelante, el ritmo de la peli entra en zonas pantanosas, se vuelve tediosa y aburrida. Resultado tal vez de un montaje ineficiente, mezclado con escenas largas, densas y mal filmadas. Snyder decide mostrarnos todo con un estilo de "cámara en mano" por momentos desprolijo, con mucho corte y muchos primeros planos -y planos detalle que no aportan nada-, aún en las secuencias más triviales. La narración se vuelve confusa y no da respiro nunca (deja las cámaras fijas para momentos más contemplativos, cuando Bruce va a la mansión en ruinas o Clark a la montaña a visitar a su padre).
Ni siquiera desde la música hay un respiro, un Hans Zimmer que se luce únicamente en las secuencias de Batman (que en realidad son una variante de la música que ya escuchamos en las películas de Nolan) y que por lo demás, aporta texturas sin mucho carácter y que mantienen ese tono opresivo y deprimente del film durante 2 horas y 31 minutos... ¡sin respiro!

La culpa seguramente sea del director. Hay que darle sí, el crédito por intentar hacer algo nuevo y diferente. Pero se perdió todas las oportunidades de hacer algo, sino divertido, al menos entretenido. Y la pifió en cosas muy básicas, por ejemplo ¡una buena presentación de personajes! La de Batman desde el punto de vista de los policías y la de Superman en el desierto africano... esas son las presentaciones de los protagonistas del film, breves, pobres, poco creativas, flojas. A Batman lo volvemos a ver recién en ese sueño/visión de una realidad alternativa -una de las secuencias mejores logradas (la idea del multiverse llevado al cine es muy atractiva)- y luego cuando intenta robar la Kryptonita, en una persecución de autos muy confusa (Snyder debería pedirle consejos a los hermanos Russo que en Winter Soldier fueron soberbios).


LA BROMA ASESINA... DE LUTHOR
Las actuaciones no lucen. Los personajes tienen motivaciones poco definidas, ambivalentes o simplemente mal fundamentadas. El enfrentamiento entre Batman y Superman se da muy forzado. Y termina abruptamente, en una situación aún menos verosímil (la solemnidad por momentos no se sostiene, se cae, y parece más una deficiencia de los realizadores que una decisión creativa).
Veamos...
- LUTHOR: Supuestamente todo es un plan maquiavélico de un Lex Luthor sacadito (que no tiene nada del Luthor de los cómics), rara mezcla de Mark Zuckerberg y el Joker. No sabemos por qué odia a Superman, o cómo sabe la identidad secreta de los dos héroes. Y la forma en que los manipula es muy burda. Su plan recuerda al del Joker en The Killing Joke... todo muy raro.
La actuación de Jesse Eisenberg da vergüenza ajena. No termina de componer del todo a su personaje, está muy sobreactuado y fuera de tono. Y después de todo ¿cúal es su historia?! 
- SUPERMAN: desangelado, contemplativo, inseguro. Henry Cavill tiene poco diálogo, su Superman es poco expresivo, se queda quieto como una estatua la mayor parte del tiempo y tampoco es muy inteligente, simplemente reacciona ante lo que le ponen delante. Y durante todo el film no toma ninguna decisión de peso, salvo en ese último acto de sacrificio contra Doomsday. Ah y es terriblemente pollerudo (la química entre él y Lois / Amy Adams es nula).
- BATMAN: Ben Affleck no es el mejor actor, sin embargo cumple muy bien con su papel. Este Batman maduro se ve muy bien en pantalla, las escenas de acción que protagoniza son lo mejor del film. Y todo su mundo está muy bien resuelto: la batcave, el batmobile, el traje, los gadgets, hasta Alfred (un enorme Jeremy Irons). La relación entre estos dos es magistral, como espectador entendés mucho cuando Bruce le acerca una taza de café a Alfred (eso es resolver con creatividad y sutileza las cosas!) mientras este le resuelve cómo infiltrarse en la mansión de Lex.
- WONDER WOMAN: no se puede decir mucho de este personaje, Gal Gadot tampoco es una actriz que aporte histrionismo y su participación sólo tiene sentido sabiendo que se viene la película de la Liga (ni siquiera voy a analizar la manera en que presentan los cameos de los demás personajes, Flash, Cyborg y Aquaman... es una vergüenza).
- DOOMSDAY: posiblemente el peor diseño de un personaje en la historia del cine fantástico. No sólo eso, el CGI por momentos parecía no estar del todo terminado y la pelea final no está ni cerca del nivel que vimos en MoS.

Los demás actores (Diane Lane, Laurence Fishburne, Holly Hunter) simplemente están desaprovechados. Y el cameo de Kevin Costner está bien pero tampoco se sostiene esa escena dentro del bodrio que es la película.


CONCLUSIÓN
La paradoja es evidente. En los cómics, el género de superhéroes nace con Superman. Mientras en el cine, el personaje no encuentra su público y su última película intenta reconfigurar las bases mismas del género con un intento claramente fallido. 
Todos los elementos claves que conforman la mitología del superhéroe están ausentes o modificados o (en el peor de los casos) corrompidos. El "Superman emo" de MoS no evolucionó, se estancó. Ante la explosión del Capitolio no busca al culpable, vuela hasta donde está Lois hace puchero y desaparece, como un cobarde. El máximo héroe es, en su propia película, un boludo. Humillado por un Luthor que da lástima y vapuleado por un Batman-más-facho-que-nunca. 
Repasemos algunos elementos clásicos del género: el alter-ego y la identidad secreta. En la peli ya todos saben quién es el otro, es así, no nos detengamos a explicar eso. ¿Y cómo resuelve Snyder la doble faceta de Superman / Clark Kent? simplemente la ignora, Superman y Clark hablan igual y se ven igual. Usted espectador haga la concesión correspondiente!
Qué más... ah si, los héroes no matan. Pero Batman le da con munición gruesa a los criminales y no duda un segundo en bajar un par en el camino.

¿Estamos ante un cambio de paradigma? Mientras Marvel amenaza con repetirse hasta el hartazgo sin arriesgar nada, exprimiendo todo lo que se pueda a la gallina de oro, aparecen estas dos películas. Por un lado Deadpool (2016), la parodia del superhéroe, el chiste sin contenido, la transgresión, el exceso y la violencia gore más cabeza. Por el otro, esta lacónica Batman v Superman, solemne, seria, también violenta pero "realista". Para Zack Snyder esta es la continuación del tópico de Watchmen, que no es otra cosa que la "deconstrucción" del héroe según Alan Moore (¿qué pasaría si los superhéroes existieran realmente?). De hecho BvS toma muchos elementos de un cómic (un "elseworld") que no por nada está fuera de la continuidad de DC: The Dark Knight Returns de Frank Miller, que formó parte -precisamente junto a Watchmen- de ese revisionismo de la figura del superhéroe en los 80´s.

El héroe clásico, noble, incorruptible, que es un ejemplo para la sociedad y que cuenta con todos los valores que dignifican al ser humano, es una figura idílica que ya no existe. Eso es para niños. Los superhéroes ya no son para niños y ya no forman parte de la aventura. Ahora son como nosotros, héroes quebrados, anti-héroes, oscuros, cínicos, neuróticos, psicóticos. ¿Finalmente tenemos los héroes que nos merecemos? Vamos al cine, tal vez esperando que se rediman, mientras comemos pochoclo, vemos el celular y pateamos el asiento del que está adelante nuestro.